Empedarme con mi hermana. 

Empedarme (emborracharme) con mi hermana siempre termina en lo mismo: las dos llorando.

Lloramos porque una parte de nosotras está rota, una parte de nosotras sufre y busca refugio en el alcohol, las drogas, en las auto-lesiones, en el sexo… Ambas tenemos una parte rota con pedazos muy afilados que nos cortan más y más el corazón. Ambas sufrimos por lo mismo y a la vez por cosas distintas. Ambas lloramos y nos lastimamos de diferentes maneras.

Siempre nos decimos cosas muy fuertes cuando estamos borrachas; hablamos de suicidio, cortarse, buscar sexo solo por recibir atención, nos decimos palabras feas como puta o zorra. Nos decimos todo lo que no nos podemos decir al estar sobrias. Simplemente afilamos más los pedazos que nos cortan.

Pero no todo es malo de empedarme con mi hermana, de hecho creo que es bueno. Nos empedamos y sacamos todo, toda la mierda que guardan nuestros corazones, todo el coraje, el dolor, la tristeza… Todo lo dejamos salir y eso nos ayuda a renovarnos aunque sea un poquito.

Así empezamos este año: empedándonos hasta terminar llorando y es bueno, porque empezamos con el corazón libre.

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Sin título.

Lo que más recuerdo es que lo dijiste con cierto tono de burla.

Estábamos bailando un poco borrachos, me volteaste con delicadeza y me besaste. Y lo hiciste con tanta dulzura (a pesar de estar bajo las influencias del alcohol), lo hiciste como si fuera lo que más quieres en este mundo; así que te volteo a ver, quería ver tus ojos, y  te reíste  al decir “Jah, la cara que pones cuando te beso.” No fue una risa de nervios, fue una risa un tanto burlona. Y rompiste el hechizo del beso con esa simple frase. ¿Por qué te burlarías de la forma en la que te ven mis ojos después de un beso?

No lo entendía, hasta ahora. Solo estabas jugando y te aprovechaste que mi cariño ya lo tenías por completo. Debí cerrar mi corazón justo en ese momento, pero confié en ti.

Soledad.

El maldito miedo a la soledad es uno de mis miedos más grandes, feos y reales.

Es un miedo que no me permite ser la mejor versión de mi misma porque me transforma en un ser dependiente de la gente, del cariño y la atención.

Es un miedo que me paraliza por las noches, que no me deja dormir ni sentirme tranquila. Que se apodera de mi mente y me hace creer que estoy sola, que no tengo a nadie y que nadie me quiere.

Es un miedo feo, real y que vivo todos los días.

Me da miedo estar sola y no hablo a soledad física (o bueno, solo un poco), hablo de soledad sentimental. Me da miedo sentir que no tengo a nadie que me escuche, que me cuide, que me diga “Tranquila, todo va a estar bien”, que me permita acurrucarme en sus brazos para llorar toda la noche. No me gusta sentirme sola pero tampoco me gusta depender de la gente, me hace sentir débil y no me gusta sentiré débil.

Que rara soy.

Ya no quiero tener miedo de estar sola, quiero poder sentirme tranquila, feliz y segura con la persona que soy. Quiero aprender a consolarme por mi cuenta, darme fuerzas y esperanzas. Quiero ser mi propio lugar seguro y no necesitar a alguien externo a mí para sentirme bien, pero es que les juro que no puedo. No puedo estar sola.

Maldito miedo, déjame tranquila.

18/12/17 – EJ

Salí con alguien de 11 años mayor que yo.

Este fin de semana tuve una experiencia que no creí que fuera a vivir a lo largo de mi vida porque siempre tuve la idea de que jamás saldría con alguien arriba de 6 años mayor que yo. Claro que tengo mis razones y entre ellas están que: 1. Te ven como una niña. 2. Ya vivieron por lo que apenas tu estas pasando. 3. Buscan cosas diferentes en una relación. 4. Te puede llegar a intimidar lo exitosos que pueden llegar a ser. Y bueno, este fin de semana pasó eso que jamás creí que pasaría: salí con alguien 11 años mayor que yo. (¡¡¡¡11 años!!!!)

Como mi defensa, creí que era más joven.

Todo empezó en el gimnasio, en un aparato de pierna. El chavo (o señor, no lo sé) me dijo que si podíamos compartir el aparato y accedí. Hay que ser buena onda de vez en cuando. Platicamos muy poco, fueron pocas las palabras que intercambiamos pero en ese rato tuve la oportunidad de verlo para darme cuenta que era alguien mayor que yo (calculaba unos 29 años) y además muy guapo: aperlado, ojos verdes, sonrisa bonita, barba cuidada y empezaban a notarse sus músculos por el ejercicio. En ese momento pensé que podía ser mi nuevo compañero de ejercicios, no lo pensé como algo más porque pues equis, soy más chica y no soy tan bonita como para llamar su atención. Creo me equivoqué.

Pasaron los días en el gimnasio y  había días que nos saludábamos de lejos. Súper casual. Nada especial.

Hubo una semana que falté porque me fui de viaje a México (que por cierto es otra historia que les puedo contar) y cuando vuelvo a ir al gym, en un aparato de abdomen me topo con mi compañero y me pregunta ¿Oye no viniste la semana pasada, verdad? Y le conté que salí de viaje a México por cosas del trabajo. Justo en ese momento pensé que mi compañero se dio cuenta que no fui y solo había una razón: esperaba verme. Debo de aceptar que me emocioné un poco, pero para estas fechas yo no sabía su nombre ni su edad.

Siguieron pasando los días y ahora nos saludábamos más seguido, a veces chocábamos las manos y otras se acercaba a dónde estaba a sacarme plática. Insisto, nada especial, todo casual.

Un día, fue hace como una semana, se acerca a donde estoy y me dice algo chistoso. Nos reímos y se va. Al final de mi rutina se acerca a donde estoy y me empieza a sacar plática sobre Chipinque y me propone ir un domingo. Accedo pero le digo:

  • Oye, pero no sé ni cómo te llamas.
  • ¿Apoco no nos habíamos dicho ya?
  • No jajaja
  • Mauricio Mastropiero
  • Erika Treviño

*Nótese la diferencia de apellidos.*

  • Entonces ¿Cómo nos ponemos de acuerdo para ir a Chipinque? Me pasas tu cel ¿no?

Claro está que se lo pasé.

Después de ahí, los saludos fueron más frecuentes y me habló por WhatsApp pero sin ponernos de acuerdo de qué haríamos el domingo.  Llegó el domingo en la mañana y yo estaba cruda, claro estaba que no iba a ir a subir Chipinque y sinceramente creí que a Mauricio se le olvidaría. Resultó que no, pero como yo no estaba en condiciones de subir una montaña decidimos ir a un bar más noche a tomar cerveza.

Les recuerdo que aún no sabía su edad.

Debo aceptar que sí estaba nerviosa porque hace mucho que no salía con alguien a una cita. ¿Qué ropa me iba a poner? ¿De qué íbamos a hablar? ¿Y si había silencios incómodos? ¿Y si le aburría? ¿Y si no había química? Mil preguntas más, pero al final me puse ropa casual, me maquillé un poco y ya estaba lista.

Llegué al lugar (su bar favorito) y él ya estaba ahí con cerveza en mano. Me vio, me saludó, me pidió una cerveza y nos sentamos a platicar. La plática estuvo buena, realmente siento que congeniamos muy bien. Había fluidez, risas, pocos silencios, interés el uno por el otro. Me sentí realmente muy cómoda, algo que no creí que fuera a pasar. Poco a poco se fue dando la plática y así fue como me enteré de su edad, no recuerdo cual era el tema de conversación pero sucedió algo así:

  • ¿Cuántos años tienes?
  • 23 ¿y tú?
  • Muchos más, adivina.
  • ¿30?
  • No, un poco más.
  • ¿35?
  • 34 años.

Me asusté un poco, es 11 años mayor que yo. Bueno más que asustarme, me sentí un poco intimidada. Es un joven/señor de 34 años, arquitecto, tiene su propio negocio, le gusta y sabe de arte, tiene su casa, su carro, un perro y una moto, se preocupa por la naturaleza, le gusta salir a caminar, correr… en fin, una persona exitosa. ¿Y yo? Una mocosa de 23 años que no sabe manejar, vive con sus papás, no tiene carro, se la vive quejando. ¿Cómo no intimidarme?

Al final me di cuenta que la edad es solo un número, porque congeniamos de una manera increíble. Sinceramente espero que sigamos saliendo y viendo hacia donde nos lleva esto.

Si lo terminaron de leer… ¿qué opinan de salir con alguien 11 años mayor que tu?

Un corazón de pollo.

Tener un corazón de pollo en esta sociedad resulta altamente difícil. La gente se aprovecha de un corazón sin miedo a dar todo por otra persona, se aprovecha de un corazón que ayuda sin mirar a quién, de un corazón que llora por una mariposa que no pudo llegar a su destino, de un corazón que sonríe por los éxitos ajenos, de un corazón sin orgullo ni prejuicios.

Y de tanto que la gente se aprovecha de un corazón así, se van extinguiendo. Poco a poco los corazones de pollo empiezan a disminuir y la abren paso a los corazones llenos de odio, orgullo, rencor, envidia y malicia. ¿Para qué queremos gente con corazones llenos de maldad? No nos sirven de nada, solamente le dan al mundo una tonalidad más gris cuando tenemos una infinidad de colores alegres con los cuales poder ver la vida.

Un corazón de pollo necesita de cosas buenas con las que alimentarse para seguir así, seamos personas buenas, alimentemos corazones con cosas buenas. Si tienes un corazón lleno de maldad pero te das la oportunidad de hacer un cambio en tu vida, vas a terminar con un corazón de pollo y creo que no hay nada mejor que eso.

Yo he tenido de los dos corazones, de pollo y con maldad. En estos momentos creo que tengo el corazón de pollo más de pollo de la vida. No me canso de confiar, de amar, de reír y eso que se han aprovechado mucho de mi. A veces mi corazón malo sale a la luz y le encanta quejarse y enojarse, pero al final mi otro corazón siempre gana. Me gusta tener un corazón de pollo y llorar, reír, amar, gozar la vida.

Espero que más personas se atrevan a cambiar su corazón malo por un corazón de pollo. Hay que dejar atrás el miedo de salir lastimados, de llorar por las cosas buenas, de amar y no ser correspondidos. Así es la vida y no tiene nada de malo, porque con esas experiencias sabemos valorar las experiencias felices.

 

El silencio de un beso

¿Has escuchado el silencio que se esconde detrás de un beso?

Si lo has escuchado déjame decirte que eres afortunado y si no, permíteme explicarte a qué me refiero:

El silencio que se esconde detrás de un beso es cuando dejas de escuchar la música, las voces, las risas, el sonido que hacen las botellas de las cervezas al chocar entre ellas, las pisadas, los grillos, los pájaros, los carros… dejas de escuchar todo para que solamente quede el sonido de sus respiraciones y el latido de sus corazones. Es en ese silencio donde te das cuenta que estas dentro de un momento mágico, en un momento donde todo desaparece y solamente quedan dos personas con una conexión única. Es en ese silencio donde encuentras el ritmo que hacen el sonido de sus corazones latiendo a velocidades distintas, donde escuchas el cambio de respiraciones y los suspiros que ocasiona el simple hecho de presionar tus labios con los de otra persona (solo que recuerda que no pasa con cualquiera, tiene que existir una conexión entre los dos).

Y si tengo que decirlo con menos palabras, te lo resumo a estas:

El silencio que se esconde detrás de un beso es capaz de crear una canción que solamente dos personas tienen la fortuna de escuchar.

No sé si seas tú. 

No sé si seas tu quien se quede conmigo para siempre. No sé si seas tu quien le regrese el color a mi vida o si seas tu quien me regrese a lo que una vez fui. No sé si seas tu o no, solo sé que sí lo eres quiero ser capaz de entregarme al cien por ciento. Por que sí eres tú, sé que lo mereces.

Sé que te mereces todo de mi, todas mis locuras, mis cariños, mis besos, mis abrazos. Te mereces toda mi atención, mi tiempo, mi dedicación. Te mereces todos mis pensamientos, mis escritos, mis sueños y mis deseos. Te mereces mis caricias, mis risas, mis lágrimas, mis enojos. Te mereces todo de mi y quiero ser capaz de dártelo. Quiero darte todo por completo y no a medias. Pero sé que si quiero darte todo necesito soltar todo lo que me hace daño y hoy empiezo a hacerlo, con el simple hecho de escribirte a ti sé que lo estoy haciendo.

No sé si seas tu pero espero que sí.