Es bonito.

Es bonito cuando duermes con alguien y amaneces junto a esa persona. Es bonito cuando no te suelta en toda la noche y se preocupa porque estés cómoda. Es bonito que puedas abrazarlo y sentir su calor, que no necesites una cobija para sentirte arropada o cubierta de todo mal. Es bonito porque existe una conexión que te permite confiarle tu sueño a una persona que velará por ti a cada segundo de la noche.

Es bonito sentir el calor de un cuerpo humano al lado tuyo sin necesidad de crear algo sexual. Es bonito porque de algo tan sencillo se pueden crear cosas maravillosas que te permiten experimentar sensaciones que te llenan y alimentan el alma con amor, paz y tranquilidad.

Es bonito tener a alguien con quien despertar y dormir. Simplemente es bonito.

 

Una pizza y una flor

Una publicación en Facebook de un hombre en el metro con una caja de pizza y una rosa me recordó a uno de mis días más felices. O bueno a lo mejor no uno de los más felices, pero ese día, al igual que la chava que recibió esa caja de pizza y esa flor, fui feliz.

Es impresionante como dos cosas tan sencillas tienen el poder de cambiarte el humor por completo. Por horas y horas puedes tener el humor horrible, queriendo matar dolorosamente a las personas, odiando la vida, odiado a quien amas… pero esa persona que amas y odias a vez, llega de la nada con una caja de pizza, una simple flor y una sonrisa de “¿ya me perdonas?” y todo cambia. Absolutamente todo. Y es así cuando te das cuenta que los pequeños detalles sí tienen un cambio positivo en las personas, es cuando te das cuenta que no importa sí es una flor o un jardín, una caja de pizza o una cena en un restaurante de lujo… ese pequeño detalle, hecho con el amor más puro, te cambia. Te hace feliz, te hace sentir amada y valorada.

Así que, un día hace aproximadamente un año y medio (puede que dos) fui feliz gracias a una caja de pizza, una rosa y una sonrisa de “¿ya me perdonas?”.

¿Qué tanto te tuve que amar para seguirte pensado?

Una buena pregunta que de seguro viene con una excelente respuesta. Claro que yo no la conozco.

Esa pregunta sin respuesta la pensé en el camión, viendo hacia a fuera. Hacia la calle, hacia los carros. Y fueron ellos (los carros) los que me hicieron darme cuenta que te seguía buscando entre los conductores. Me descubrí buscándote, buscando tu barba, tus ojos o tu ropa negra. Pero como siempre no te encontré. Y al no encontrarte fue cuando me hice la pregunta “¿Qué tanto te tuve que amar para seguirte pensando?”, pero sinceramente no encuentro la respuesta. Lo único que sé es que te amé, te amé con cada pedazo de mi ser, con cada trocito de mi alma, con absolutamente todo mi corazón. Pero te amé (en pasado), porque estoy segura de que ya no lo hago. Solo te recuerdo como una parte de mi vida, una parte buena, mala, caótica, magnífica.

Te vi a ti, teniéndolo a él

No encuentro las palabras para expresar lo que sentí. Solo sé que en el momento en el que el tomó mi mano, lo primero que se me pasó por la mente fuiste tu. Me imaginé que eras tú quien me agarraba, lo sentí tan real. Puedo jurar que vi tu mano, sentí tu piel y reviví lo que nuestra pieles eran capaces de crear.

 

 

Deja que fluya

Deja que fluya, que tome su curso, que se acomode solo y siga su camino. Deja que agarre forma por si solo, porque no importa que al principio se pueda ver deforme o diferente a como lo tenías previsto, al final siempre terminará siendo perfecto, así es el amor y claro, así es la vida.

Deja que fluya, no importa si se ve imposible o si cada vez lo ves más lejos. Deja que fluya e imagina que el amor es como el agua, porque si el amor es libre (al igual que el agua) nada lo detiene, nada lo aprisiona, nada lo cambia. Pueden existir tormentas, pueden existir factores que turben su calma, pueden existir un millón de formas de crear caos, pero con el tiempo siempre regresa a su estado natural, un estado de calma, bondad, cariño y paz.

Por eso me gusta creer que el amor en su estado físico es como el agua… transparente y puro, cálido pero al vez puede ser frío, relajante pero también estimulante, lleno de paz y también con un toque de caos… y lo mejor de todo es que el amor (así como el agua) lo puedes encontrar en cada rincón del mundo.

Por eso, hay que dejar que fluya, porque el amor y el agua no se pueden detener.

– Erika  J

Bienvenidos

Últimamente se me ha dado por escribir, por eso decidí aventurarme en crear mi primer blog. Aquí podrán leer cada pensamiento que tengo, ya sea profundo o banal, pero al final siempre vienen de lo más profundo de mi ser.

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