¿Qué le diría a mi yo de 16 años?

Un amigo tiene un blog y se hizo esta misma pregunta, la cual me hizo pensar ¿qué le diría a mi yo de 16 años? Tengo pocos recuerdos porque tengo mala memoria, no retengo mucho la información de mis años pasados, así que por eso batallé un poco en saber que me podría decir. Pero sería lo siguiente:

  • No seas tan tímida
  • Que no te de pena bailar
  • Disfruta a tu abuelita
  • Quítate la pena
  • No te compares con nadie, eres bonita a tu manera
  • No te enfoques solamente en la escuela
  • Siempre ten un respaldo de todas tus fotos y documentos importantes
  • No le tengas miedo al cambio
  • El dinero no lo es todo
  • No busques el amor, llega solo
  • Se fiel a lo que eres
  • No dejes a tus amigos por un amor que no sabes cuanto tiempo va a durar
  • A veces un beso sí se le niega a alguien
  • Nunca dejes de ser competitiva contigo misma
  • Dios es bueno, a pesar de que no entiendas sus planes
  • La cerveza será tu mejor amiga, agárrale el gusto antes
  • No confíes tan rápido en las personas
  • No le sueltes tu corazón a cualquiera (ya sea como novio o como amigo/a)
  • La familia siempre es primero
  • Cuida a tus hermanos, no dejes que agarren un mal camino
  • No dejes que el orgullo o el coraje dominen tu corazón y mente
  • Tu mamá es tu pilar, que no te de miedo aceptarlo
  • Tu papá es tu único héroe
  • El amor lo puede todo
  • No tiene de malo estar sola un tiempo
  • Disfruta cada momento que te da la vida, aunque sea malo
  • La vida es difícil pero tu puedes con todo
  • No veas solo lo malo, si te enfocas puedes ver algo bueno
  • No dejes a un lado tus sueños
  • Aprende a manejar
  • La gente puede ser muy envidiosa
  • No te quieras adelantar a las cosas, pasan solas y a su tiempo
  • Perdona más rápido
  • Sal a conocer, sal a conciertos, sal a caminar… SAL
  • Serás una amante de gatos
  • Cuida a tu hermana

Y les hago la misma pregunta:

¿Qué le dirían a su yo de 16 años?

Frases

¿Alguna vez me había sentido tan perdida, tan extraña? Creo que no, creo que es la primera vez que desconozco por completo quien soy, por que al momento en el que me miro al espejo solamente veo un monstruo que trae puesto mi cuerpo, no alcanzo a verme. No me encuentro en mi propio reflejo.

Sentirme de esta forma es definitivamente es una de las peores cosas que me ha pasado, porque me estoy auto-destruyendo. Soy yo y solamente yo quien me esta causando tanto daño. Y no daño físico (no llego a tal grado), pero sí un daño emocional, un daño interno. Y todo esto se debe a mis constantes malas decisiones, a mi idea errada del amor, de la vida, de las personas… todo esta auto-destrucción es causada por todas las veces que me tropiezo con la misma piedra, por todas las veces que me fallo a mi misma y todas las veces que cometo el mismo error. Hasta parece que estoy tonta, porque es imposible equivocarse tantas veces y no entender.

Estos errores que tanto he hecho me han convertido en el monstruo que veo al espejo, me he convertido en la persona que juré jamás iba a ser, en la persona que confunde el deseo carnal con amor. Y puede que no suene tan extremo, puede que suene como un tema que no hace daño, un tema que se escucha en todos lados, pero ese tema “insignificante” es el tormento que hay en mi cabeza y corazón.

A lo largo de este año y desde el año pasado he dejado que el deseo carnal me domine, que el deseo carnal me defina. Este tiempo confundí por completo el amor con el sexo, dejé que el susurro (ese maldito susurro) que tu me metiste en la cabeza dejara de ser un simple ruido y se convirtiera en un grito, en una voz real… dejé que se convirtiera en mi realidad, dejé que ese “solo sirves para eso” me dominara por completo. A lo largo de este tiempo dejé que esa frase actuara sin pedirme permiso, dejé que me hiciera romper la confianza de alguien que me amaba, dejé que me guiara por un camino de infidelidad. Un camino que nunca creí pisar, el camino que me convirtió en lo que más odio de mi. Y no, no es una excusa, no uso esa frase como excusa. Estoy consiente de lo que hice y de las veces que lo hice, estoy consiente de que estuvo mal y que siempre lo estará, estoy consiente que nada lo remediará. Pero también estoy consiente de que me arrepiento y de que hoy intentaré hacer las cosas bien. Hoy regreso a ser lo que era antes.

“Solo sirves para eso”  “Buena niña” “Así, sigue así” “¿Estás llorando?” “Lo haces ver como si te estuviera obligando”, y le puedo seguir. Frases que me convirtieron en el monstruo que veo en el espejo. Frases que escucho todos los días rondar por mi mente, frases que marcaron la etapa más negra de mi vida. Frases con el poder de destruirme y convertirme algo que no soy. Pero desde hoy esas frases ya no me definen.

Desde hoy empezaré a borrar el monstruo que veo, para que al mirarme al espejo pueda verme con claridad, para que pueda ver lo que soy… una persona con fe en el amor y en la vida.

Parte 1 | El inicio

No sé quien vaya a leer esta historia. No sé a quién le pueda interesar o quién se pueda sentir identificado. No sé quien tenga un consejo o algo para decir, pero aún así se las contaré y solamente porque es mi historia favorita.

Esta historia trata de un amor no correspondido, un amor un poco trágico y confuso, un amor que al parecer todavía no tiene final. Claro que cuando crees que es “el amor de tu vida” das todo de tu parte para que la historia jamás termine y esto es lo que he hecho a lo largo de 5 años.

Todo comenzó en el año 2012, en ese año era parte de un grupo de formación católica que busca ayudar a los jóvenes. Yo era Jefa de un equipo y el era Jefe de otro. Por destino, coincidencia o suerte, nos tocó trabajar juntos y ahí fue donde empezó todo. O bueno donde yo creí que empezó todo. Ese día estuvimos todo el sábado juntos, trabajando con nuestro equipo, jugando, divirtiéndonos y realmente nos llevamos muy bien. Parecía que nos conocíamos desde hace tiempo, que éramos buenos y viejos amigos; y poco a poco la atracción se fue dando. Me ayudaba a ponerme de pie si estaba sentada en el piso, estaba atento por si necesitaba algo y se dio que me empezó a decir “bebé”. Empezó como un juego pero así se quedó y decidí jugar. Y vaya que me metí en el juego.

Al día siguiente de ese sábado, me invitó a ir con el a una boda… ¡UNA BODA! Y eso que solo nos conocíamos de un día antes. Claro que mi emoción se desbordó porque el ya me había atrapado por completo.

No me quiero meter tanto en la boda, ya que no bailamos ni nos besamos ni paso algo interesante, solo nos la pasamos sentados riéndonos como dos locos. Fue un buen día, un muy buen día.

Fin Parte 1| El inicio

No son nervios, es emoción.

No son nervios lo que siento (o bueno, tal vez sí sienta un poco), es emoción. Emoción porque es mi primer viaje en mucho tiempo, porque es la primera vez que viajo sin mi familia y sobre todo, porque voy contigo.

Aún recuerdo cuando se planeó este viaje, así de la nada; porque empezó de un consejo y terminó siendo un plan completo. Empezó como un viaje en el que planeaba ir sola y terminó siendo un viaje que compartiremos los dos. Y todavía sorprende como las cosas se fueron acomodando solas, es como si el universo realmente quisiera regalarnos este tiempo juntos, dándonos la oportunidad de recuperar los años perdidos; todos esos años que dejamos pasar, que dejamos que entraran personas diferentes, que lloramos, reímos, luchamos, años que hicimos muchas cosas cada quien por su lado. Pero estoy segura que el universo nos está regalado esta oportunidad para hacer las cosas bien, para por fin poder encontrarnos, vernos, sentirnos y quizás, enamorarnos. Es un regalo que el universo nos da, un regalo que no puedo (o podemos) desperdiciar.

Es por eso que siento emoción y tal vez sí un poco de nervios… porque así como mil cosas pueden salir bien, hay un millón más que pueden salir mal. Porque tal vez estoy malinterpretando las señales del universo, tal vez solo me esta recordando que no hay más que amistad entre nosotros, tal vez solo me está regalando un viaje con una buena compañía. Pero ¿quién sabe, verdad? el universo actúa a su manera, a sus tiempos y solo él sabe sus intenciones.

Así que no me queda otra más que disfrutar al máximo de esta oportunidad que me regala y dejar a un lado todo el nerviosismo para solamente vivir este viaje con emoción.

Es bonito.

Es bonito cuando duermes con alguien y amaneces junto a esa persona. Es bonito cuando no te suelta en toda la noche y se preocupa porque estés cómoda. Es bonito que puedas abrazarlo y sentir su calor, que no necesites una cobija para sentirte arropada o cubierta de todo mal. Es bonito porque existe una conexión que te permite confiarle tu sueño a una persona que velará por ti a cada segundo de la noche.

Es bonito sentir el calor de un cuerpo humano al lado tuyo sin necesidad de crear algo sexual. Es bonito porque de algo tan sencillo se pueden crear cosas maravillosas que te permiten experimentar sensaciones que te llenan y alimentan el alma con amor, paz y tranquilidad.

Es bonito tener a alguien con quien despertar y dormir. Simplemente es bonito.

 

Una pizza y una flor

Una publicación en Facebook de un hombre en el metro con una caja de pizza y una rosa me recordó a uno de mis días más felices. O bueno a lo mejor no uno de los más felices, pero ese día, al igual que la chava que recibió esa caja de pizza y esa flor, fui feliz.

Es impresionante como dos cosas tan sencillas tienen el poder de cambiarte el humor por completo. Por horas y horas puedes tener el humor horrible, queriendo matar dolorosamente a las personas, odiando la vida, odiado a quien amas… pero esa persona que amas y odias a vez, llega de la nada con una caja de pizza, una simple flor y una sonrisa de “¿ya me perdonas?” y todo cambia. Absolutamente todo. Y es así cuando te das cuenta que los pequeños detalles sí tienen un cambio positivo en las personas, es cuando te das cuenta que no importa sí es una flor o un jardín, una caja de pizza o una cena en un restaurante de lujo… ese pequeño detalle, hecho con el amor más puro, te cambia. Te hace feliz, te hace sentir amada y valorada.

Así que, un día hace aproximadamente un año y medio (puede que dos) fui feliz gracias a una caja de pizza, una rosa y una sonrisa de “¿ya me perdonas?”.